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Testimonios, análisis y exigencias
la Coca no es sólo cocaína

Uno de los propósitos de esta nueva publicación de Mama Coca es documentar el debate sobre la hoja de Coca, cuyas virtudes siguen siendo prácticamente desconocidas por el gran público, a pesar de numerosos esfuerzos. La verdad es que es poco el debate que ha habido sobre la hoja de Coca misma. Como en el caso de la marihuana y amapola, las medidas represivas han invisibilizado la investigación y el conocimiento. El llamado de Baldo Cáceres, en Coca: tradición y promesa, hace referencia a las dificultades a las que se enfrenta la revalorización de este cultivo tradicional; mientras que la distinción, Coca no es cocaína busca destacar las virtudes nutritivas de la Coca. La creciente toma de conciencia (pasando por Paz Zamora en 1992) respecto a la necesidad de establecer una distinción entre la Coca y la cocaína está ligada al hecho de que la represión penal y persecución militar que se están llevando a cabo a nombre de la Guerra contra las Drogas están catapultando a la Región Andino Amazónica hacia una guerra total.

Las actuales marchas cocaleras de Bolivia nos deberían alertar sobre la necesidad de escuchar lo que están diciendo los campesinos de la región y de discutir los pros y los contras de este cultivo. Alain Labrousse nos relata como estas plantas naturales, la marihuana, amapola y Coca, han sido históricamente utilizadas como “armas de guerra” y para someter a los pueblos de los países colonizados, y como la Prohibición contribuye a su uso repandido en forma de sustancias químicas. La Coca y la cocaína pueden no ser una y la misma, sin embargo, ambas son sometidas a la represión, y lo que se percibe de los trabajos aquí presentados es que existe un consenso sobre el fracaso contundente de la Guerra contra las Drogas en lo que se refiere a la disminución del consumo y producción tanto de drogas naturales como de “narcóticos” químicos. Estos estudios académicos evidencian que cualquier debate que pretenda enfocar el tema de las drogas debe tener en cuenta la distinción entre la Coca y la cocaína y estudiar la correlación entre la penalización y la expansión de cultivos “ilícitos”, y de tráficos de todo orden a escala mundial.

Guilhem Fabre, en su libro Las Prosperidades del Crimen, retraza los vínculos y convergencia -bajo el encubrimiento de la ilegalidad- de la corrupción, el crimen organizado y el tráfico de drogas. El análisis económico de Pierre Salama, Cocaína, cuentas y descuentas, señala que las rentas microeconómicas ligadas al cultivo de Coca bajo la ilegalidad es más de lo mismo: clientelismo. Bruce Bagley indica como, a partir de sus lazos crecientes con el crimen organizado ruso, los grupos criminales y/o guerrilleros latinoamericanos tienen cada vez mayor acceso a los mercados ilícitos internacionales, servicios de lavado de dineros, y fuentes ilegales de armas; lo que podría convertirlos en un serio impedimento al crecimiento económico, y consolidación democrática de la región. Steiner y Corchuelo concluyen que “Colombia es quizás la principal víctima del negocio de las drogas ilícitas” mientras que otros análisis muestran el descenso de la región hacia la pobreza y la violación de los Derechos Humanos, y como los protagonistas de la violencia están diseñando el futuro de la región.

Los estudios de campo aquí presentados ofrecen datos precisos sobre la expansión de los cultivos “ilícitos” y testimonios sobre su razón de ser. Brindan además propuestas enfocadas en las necesidades y factibilidades de la región. El debate sobre el tema tiene que tener en cuenta el papel desempeñado por la Guerra contra la Drogas en el estado actual de descomposición social, económica y política de la Región Andino Amazónica. Aunque aún es demasiado pronto para prever los “daños colaterales” que infligirán el Plan Colombia y la IRA bajo el estandarte de la Guerra Terrorista, los políticos han sido claros en cuanto al uso que darán al passe-partout “terrorismo” a fin de perpetuar su Guerra contra las Drogas.

El documento de trabajo del Frente Social y Político (FSP) señala la creciente narcotización de la agenda con los Estados Unidos y como esto vulnera la autonomía requerida para implantar reformas estructurales acordes a las necesidades de la región. Tal es el caso de los modelos de Desarrollo “a la moda”. Actualmente, el de turno es el Desarrollo Alternativo que viene atado a pactos de erradicación “voluntarios” sujetos ellos a la amenaza de guerra química. Los herbicidas, tal y como lo señalan los trabajos de la Red de Pesticidas mundial, están destruyendo las gentes y sus tierras. En Colombia, la situación es aún más dramática ya que las comunidades indígenas y campesinas están siendo bombardeadas desde avionetas con sustancias químicas. El Estado colombiano, instigado por Washington, le declaró la guerra química a sus gentes hace casi 30 años, naturalmente, dentro del marco de la Guerra contra las Drogas. Pastrana mismo -en 1992, antes de llegar a la presidencia del país- discurrió en el Congreso sobre los efectos nefastos de la fumigación. Los analistas del problema, como Darío González Posso y Emilio Constantino, señalan la amenaza que se cierne sobre la región de la más inhumana de todas las guerras: la guerra biológica.

Los estudios aquí publicados son el testimonio, las observaciones fundamentadas, recomendaciones y exigencias hechas por las gentes y expertos de la región y colegas académicos de los Estados Unidos y Francia. Señalan que la represión induce la prosperidad de un mercado que se alinenta de la miseria y criminalización de los cultivadores. A fin de construir el conocimiento requerido para enfocar adecuadamente el abuso de las drogas –en cuyo nombre se somete a usuarios y cultivadores a la Guerra contra las Drogas- es necesario proponer estudios que debatan los pros y los contras con base en los hechos. Tendríamos que interrogarnos sobre la premisa que sostiene que es mejor sembrar el mundo de minas quiebrapatas que de amapola, marihuana y coca; y que si no es lo uno es lo otro. Mama Coca invita a los estudiosos del tema a ayudarnos a desarrollar este debate desde una perspectiva informada sobre todos sus aspectos contradictorios y visiones.

María Mercedes Moreno
febrero del 2002

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