El derecho de la coca

 

MMMoreno

    La existencia natural y legal de la coca en Colombia antecede la creación de la república. De acuerdo con la investigación de tesis de doctorado de Manuel Horacio Vásquez, La Route de la Feuille de Coca 1492-1992_ Entre l'histoire, la mémoire et l'oublie, [manuscrito, 2001], las primeras referencias escritas sobre esta planta se remontan a los albores de del s. XVI. Principalmente en los escritos de Amerigo Vespucci, de Fray Bartolomé de las Casas y del hijo de Cristóbal Colón sobre el contacto de su padre con la coca. Los escritos sitúan el uso de la coca a una amplia región de la América Latina y su cultivo al norte de Suramérica. En la Nueva Granada, la coca servía de vehículo de comunicación espiritual y suplemento alimenticio que daba gran fuerza de trabajo a quienes con ella se alimentaban y, por lo mismo, por su gran valor, era la moneda natural de cambio. 

 

La existencia, comercialización y normatividad que rige la coca en el territorio colombiano data de antes de la primera constitución republicana y anteceda en siglos las Convenciones de Drogas.  La jurisprudencia de la Corte Constitucional que consagra la perspectiva pluralista de la Constitución de 1991, obliga al Estado colombiano a  consultar las medidas en contra de la coca con las comunidades indígenas. De tal manera, la expedición inconsulta de decretos y leyes  que atañen este patrimonio cultural de los Pueblos indígenas viola la jurisprudencia de la Corte Constitucional, el derecho consuetudinario y la jurisdicción especial de los Pueblos Indígenas.  La promoción y venta de productos de coca por parte de estas comunidades son parte de su proceso de aceptación de la nación que se ha ido (mal que bien) construyendo en el territorio que históricamente les pertenece. De tal manera, el Estado colombiano no puede de manera coercitiva y con base en condicionamientos unilaterales atropellar esos derechos. Al negar a los pueblos indígenas el derecho de explotar su patrimonio cultural, el gobierno colombiano está faltando a su deber de proteger el patrimonio existente en su territorio.


A semejanza de la prohibición que impusieron los conquistadores españoles sobre la quinua a causa de la importancia cultural, social, y religiosa que desempeñaba para las comunidades indígenas, la negación y empeño por erradicar la coca se originan en el papel central y desafío que representa esta planta maestra para el monoteísmo  cristiano y su expresión económica, el capitalismo.  Uno de los factores a los que responde la guerra de exterminio que actualmente libramos los colombianos es la ignorante creencia de que la persecución de la coca por parte de los conquistadores de todas las épocas (desde los españoles hasta los estadounidenses) parte de principios morales universales e incontestables.

 

El gobierno colombiano, al firmar  sin salvedades las Convenciones de drogas de 1961, 1971 y 1988, violó los derechos originarios de sus pueblos indígenas.  A la firma del primer tratado que proscribía la coca, los cultivos de coca existentes eran mayoritariamente indígenas y destinados a fines religiosos y alimenticios. En consonancia con el derecho que asiste a los pueblos a la autodeterminación y  a velar por su supervivencia cultura, el derecho de definir las medidas pertinentes a la coca correspondía a los detentores del saber y de la propiedad intelectual sobre dicha planta y, por ende, dichas convenciones se debieron ver condicionados por la normatividad indígena. De tal manera, la imposición de la penalización de la coca por parte de las convenciones de drogas violó el principio según el cual una convención internacional no  puede establecer medidas penales en un área en la que la ley local todavía está por definir. Estas convenciones, y las medidas nacionales por las cuales se imponen, no sólo no cumplen  con su obligación  de proteger el patrimonio natural, cultural y religioso constituido contra todo intento de despojo y exterminio sino que propician su despojo y exterminio.  

 

En el 2006, Koguis y Arhuacos viajaron a Washington a reunirse con el presidente del BID y con algunos congresistas estadounidenses. La autoridades estadounidenses les negaron el derecho a llevar sus poporos y coca aduciendo que  "las leyes no son flexibles". Los daños sufridos por la humanidad a causa de la imposición de convenciones que violan sus propios principios de base, cuales son el deber de apoyarse en el conocimiento y guiarse por la normatividad a la que este conocimiento da pie, son incalculables. Lo que sí se puede observar es que estas convenciones están al origen de innumerables conflictos y violaciones de los Derechos Humanos y del DIH.  Aunque ya es  tarde para revivir a los millones de muertos caídos en esta guerra,  para orientar los fondos hacia la construcción en lugar de la destrucción social, para devolver los años de libertad que le fueron robados  a millones de jóvenes, no es tarde para apoyar formas tradicionales (o novedosas para la cultura occidental) de impedir el avance del narcotráfico.  Esto es lo que nos proponen los herederos de la tradición milenaria de la Hoja de Coca: la sana industrialización y uso espiritual, medicinal y alimenticio de la coca.

 

 No hay ley que obligue al gobierno colombiano a acatar una convención internacional que niega selectivamente a determinadas comunidades los derechos que sí reconoce a otras. El argumento de que el Estado nacional no supo defender los derechos e intereses de sus minorías étnicas no es una justificación válida para violar el principio de equidad ante  la ley.  El Estado colombiano no tiene por que, ni puede, aducir el respeto de las convenciones para violar el derecho de los pueblos de explotar libre y sanamente sus recursos naturales y culturales pues la existencia misma (y legitimidad) de la figura estatal mana  del  Pueblo Soberano. Ni la "necesidad" de neutralizar el narcotráfico por el poder, ni la pacificación (que el dolor de guerra nos ha llevado a confundir con la paz),  nada dispensa al Estado de velar por su razón de ser: lo intereses de la nación.

 

Abril 2007

 

 



 

 

©2007 Mama Coca. Favor compartir esta información y ayudarnos a divulgarla citando a Mama Coca.

Hospedado por Globenet