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Cultivos ilícitos, pactos sociales y proceso de paz en Colombia

 

presentación

 

La iniciativa del primer Pacto Social de Desarrollo Alternativo yErradicación Voluntaria arrancó en 18 veredas del corregimiento de Santanaen el municipio de Puerto Asís. Un escenario particularmente complejo, puesallí confluye la presencia e influencia de la Brigada 24 del Ejército Nacional,las Autodefensas Unidas de Colombia –AUC– (paramilitares) y varios frentes delas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC– ( Ver Mapograma 1).  Sin embargo en un inicio fue aceptadacomo una experiencia que todos estos actores armados estaban dispuestos atolerar: las FARC y la AUC para demostrar que ellos no se verían afectados por laerradicación de los cultivos ilícitos, y el Ejercito Nacional como muestra desu disposición de evitar la aplicación innecesaria de medidas represivas.

 

La experiencia tiene el valor de haber emergido como una iniciativalocal, habiendo espacio y disponibilidad de la gente para participar en el procesode análisis y formación de criterios en torno a las condiciones mínimas que debería contemplar un modelo deorganización y gestión viable y sostenible para abandonar definitivamentela dependencia económica de la coca. Se inició con un esfuerzo concertado entrela Unidad de Asistencia Técnica Agropecuaria del municipio y estas comunidades,con el cual se levantó información detallada para la planificación de fincas decada predio en estas veredas.

 

A partir del procesamiento y análisis de esta información se discutió yestructuró conjuntamente una propuesta de organización comunitaria encargada deestablecer una comercializadora de doble vía que provea insumos agropecuarios ybienes básicos a los campesinos y a la vez comercialice los productos agropecuariosobtenidos por los productores asociados al pacto. Se propuso además que estaorganización inicialmente denominada Asociación Campesina, sea laencargada de recibir, distribuir y supervisar la inversión de los recursosfijados por el Gobierno para apoyar proyectos de seguridad alimentaria para lasfamilias dispuestas a acogerse al pacto. También coordinaría la identificación,formulación y evaluación de proyectos productivos generadores de ingresos en elmediano y largo plazo, y sería la instancia a través de la cual seadministrarían los recursos aportados por el Estado para financiación de estosproyectos.

 

Dentro de esta propuesta estos recursos no serían reembolsados alEstado, pero la comunidad se comprometería a acordar

 

« ...mecanismos yprocedimientos de retorno de los recursos desde el productor a la AsociaciónCampesina, por considerarse favorable que se creen fondos rotatorioscomunitarios que apoyen necesidades del conjunto de productores[1].

 

Dentro de esta propuesta estos recursos no serían reembolsados alEstado, pero la comunidad se comprometería a acordar

 

« ...mecanismos yprocedimientos de retorno de los recursos desde el productor a la AsociaciónCampesina, por considerarse favorable que se creen fondos rotatorioscomunitarios que apoyen necesidades del conjunto de productores[2]. 


 



 

 

Adicionalmentela comunidad se comprometería a través de esta Asociación a organizar unproceso interno de priorización de proyectos viales, educativos, de salud,electrificación, saneamiento básico y medio ambiente a partir de iniciativasidentificadas en cada vereda, para luego ser presentadas al Gobierno nacionalpara su financiación. Finalmente la propuesta fijó como “componente principal”para garantizar la viabilidad de esta visión el compromiso del Estado deprestar el servicio asistencia técnica y capacitación de forma permanente a laorganización en aspectos como análisis, proyección y planificación de proyectosproductivos y comerciales, la administración de la organización, el manejo derecursos, así como la veeduría, control, seguimiento y evaluación de loscompromisos contemplados por el pacto.

 

Para la coordinación de la ejecución de los compromisos pactados secontempló constituir un Comité Coordinador integrado por representantes de lacomunidad, representantes de la administración municipal, representantes delGobierno nacional  y representantes dela “entidad administradora de los recursos”, el cual se reunirá cada dos mesespara evaluar los avances del pacto. También definió realizar en fechasestablecidas “asambleas de beneficiarios” para la verificación del cumplimientode los compromisos de las partes y el avance en la ejecución de los proyectos.Finalmente se propuso el establecimiento de una veeduría en cada vereda que presentaríainformes mensuales a una veeduría corregimental, y adicionalmente, ladesignación de un representante  de lacomunidad internacional  que participe“como veedor del proceso, para lo cual presentará informes trimestrales sobrelos resultados del mismo, para que sus resultados sean difundidos en el ámbitonacional.

 

En el mes de agosto, cuando se planteó la preparación de esta propuestaconjuntamente entre la administración municipal y las comunidades de Santana,el Gobierno nacional se mostró escéptico. Fijó un límite máximo de doshectáreas de cultivo de coca para las familias que fueran admitidas dentro deestos pactos, un aporte máximo de Col $2 millones (US $ 880-950) por familiapara financiar los proyectos de seguridad alimentaria de corto plazo, y unplazo máximo de un año para erradicar completamente los cultivos ilícitos delcorregimiento. Finalmente dio un plazo de 2 meses para que la definición de losproyectos para la sustitución de cultivos. Mientras tanto continúo ventilandopor los medios masivos el criterio que los habitantes del Putumayo son en un60% delincuentes cultivadores de coca y el 40% restante cómplices que vivenindirectamente del negocio ilícito. Dentro de este discurso, la  fumigación aérea indiscriminada sejustificaba  como una medida de policíarepresiva necesaria para imponer el cumplimiento de disposiciones legales quepenalizan la actividad de cultivos ilícitos.

Sin embargo, en Octubre después de la reunión internacional de CostaRica y ante  la debilidad exhibida porel Gobierno para atender el ‘paro armado’ impuesto por las FARC desde el mes deseptiembre en Putumayo, hubo un cambio de actitud ante la propuesta de los‘pactos sociales’. El Gobierno nacional se percató que comenzar la ejecucióndel Plan Colombia fumigando el Putumayo no era conveniente para lacampaña que adelantaba ante la Unión Europea para obtener financiación para losprogramas de desarrollo social del Plan. De repente los ‘pactossociales’ se convirtieron en el mecanismo participativo que le estaba haciendofalta al Plan Colombia, y al menos en el discurso del Gobierno lospequeños cultivadores dejaron de ser delincuentes y se convirtieron en losprincipales aliados del Gobierno nacional en su cruzada contra el flagelo delnarcotráfico y la violencia en el Putumayo.

 

A principios de diciembre en una ceremonia con gran cubrimiento ydespliegue por los medios masivos, el Gobierno nacional, el Gobierno Municipaly representantes de las veredas del Corregimiento de Santana suscribieron unpacto reconociendo un documento con compromisos acordados en una reuniónprevia. Entre esos compromisos el Gobierno nacional no especificó las sumas quedestinará al cumplimiento de aquellos que quedaron a su cargo, distinta a losCol $2 millones por familia para los proyectos de seguridad alimentaria, ytácitamente admitió al pacto familias hasta con tres hectáreas de coca. Seacordó un plazo máximo de 6 meses a partir del firma del pacto para el ajuste einicio de la ejecución de los proyectos productivos generadores de ingreso enel mediano y largo plazo.

 

En cuanto al plazo para la erradicación total de los cultivos ilícitosse mantuvo el término de 12 meses a partir del desembolso de los recursos paralos proyectos de seguridad alimentaria de corto plazo, con la siguientesalvedad:

 

« En la eventualexistencia de dificultades en torno al normal desarrollo del procesos deejecución de recursos y proyectos, la comunidad y el Estado podrán estudiar ensu momento la ampliación del plazo de erradicación, en períodos iguales a losde dichas interrupciones.»[3]

 

El Gobierno nacional por su parte incluyó la siguiente precisión acercade la  erradicación voluntaria decultivos ilícitos:

 

« Si surtidos los procesosde financiación y acompañamiento en que se compromete el estado, en los tiemposacordados con los pobladores, no desaparece el cultivo ilícito, el gobiernodeterminará la forma de erradicación de esta actividad. En los casos de veredasen que la mayoría de los productores se vinculen al PACTO SOCIAL POR ELDESARROLLLO ALTERNATIVO el gobierno buscará formas distintas a lafumigación aérea para lograr el objetivo de erradicación del cultivo de coca,con aquellos agricultores que no suscriban el presente pacto o no cumplan conlos compromisos de erradicación voluntaria »[4]

Amenazas visibles asociadas con las condiciones delos ’pactos’

 

Del manejo ambiguo que el Gobierno Nacional  quiere hacer del problema de los cultivos ilícitos en zonascontroladas por los grupos alzados en armas, se desprenden unas condiciones devulnerabilidad física y económica intolerables para la población civil  comprometida por los ‘pactos’. Fija plazospara la erradicación de cultivos ilícitos independientemente de la realidad delconflicto armado que se desarrolla en esas mismas zonas, con lo cual trasladaal manejo de los cultivos ilícitos la misma condición del proceso de paz: debecumplirse en medio del fuego y las hostilidades.  El cumplimiento de esos mismos plazosconvierte a la población y su patrimonio en objetivo de las hostilidades de losgrupos alzados en armas que confrontan militarmente al Gobierno en escenariosque tienen contacto con la zona de ‘pactos’. Adicionalmente el GobiernoNacional deposita la toma de decisiones y las intervenciones operativasasociadas con el gasto público en la zona en el mismo arreglo institucional yeconómico que en el pasado sólo ha sido funcional para el florecimiento yexpansión de los cultivos ilícitos. ¡Y para rematar, exhorta a las comunidadespara que en estas condiciones fortalezcan sus organizaciones civiles y  consoliden relaciones de confianza con elGobierno Nacional!!  

 

Así las cosas, nadie puede extrañarse si ante las primeras dificultadesque se presenten en el proceso, las comunidades que suscribieron pactos con elGobierno Nacional  llegan a conjeturarque una vez más han sido embaucada. Y más preocupante aún, de ser este eldesenlace trágico de un nuevo intento de solucionar el problema, quedará comoun hito más para reforzar la voluntad de lucha de los alzados en armassoportado en el discurso de resentimiento profundo contra la sociedad civil ysus instituciones. De este modo la experiencia puede convertirse en unajustificación más para el argumento militarista que sostiene como únicaposibilidad de establecer un orden más justo y eficaz la de implantar unaestructura de mando militar dictatorial, precisamente porque las estructurasinstitucionales civiles han demostrado con reitero su incapacidad parahacerlo.     

 

En la medida en que este razonamiento cunda y se adueñe de la percepcióny la convicción del grueso de la población en las zonas de cultivos ilícitoscontroladas por grupos alzados en armas, la política del Plan Colombia habráalcanzado su propósito: alentar la ilusión generalizada, tanto entre losactores armados como en la población civil, que la solución definitiva alconflicto colombiano es militar, y así escenificar condiciones para una guerracivil abierta y cruenta.

Condiciones elementales de seguridad que debencontemplar  los ‘pactos sociales’  en la encrucijada actual del Putumayo

 

En las condiciones actuales en que se encuentra el conflictocolombiano, no es previsible que pueda atacarse el problema de los cultivosilícitos en zonas controladas por los alzados en armas sin escalonar elconflicto.  Mientras la doctrina delconflicto de baja intensidad  continúe informando los criterios y percepciones de los actoresmilitares involucrados en el conflicto, no hay condiciones elementales deseguridad para reconvertir la actual base productiva de cultivos ilícitos queexiste en estas zonas: a medida que se intensifica el conflicto y el nivel de turbulencia, las condiciones sólofavorecen al negocio ilícito el cual ha demostrado ser funcional y capaz deoperar rentablemente en términos financieros en estas condiciones de turbulenciaextrema.

 

Por eso mientras persista la convicción en la efectividad de estadoctrina, no es recomendable crear expectativas entre la población directamenteinvolucrada con los cultivos ilícitos que el problema sea susceptible de serresuelto ‘en medio del fuego y las hostilidades’,  por más que el Gobierno Nacional se empeñe enanunciar inversiones en infraestructura y proyectos productivos. Confranqueza debe reconocerse que para reconvertir una base económicaexitosamente, el propósito de  la conversióntiene que ser consistente con las condiciones imperantes que requieren seratendidas por la nueva base productiva. Reconvertir una economía para lucharuna guerra en tiempos de prosperidad general y paz imperturbada es tanimprobable como reconvertir una economía para la prosperidad y la paz generalen medio de un conflicto como el colombiano.

 

La conversión productiva de zonas de cultivos ilícitos controladas porgrupos alzados en armas requiere de por lo menos las siguientes condiciones:

 

R      que llegue uncese al fuego y de hostilidades observado por los actores en armas con el ánimode dar la oportunidad para que se consoliden otros mecanismos distintos a losmilitares para avanzar en la negociación pacifica del conflicto colombiano; y

 

R      que la conversiónproductiva se plantee dentro de una política explícita y francamentecomprometida con el propósito de establecer un proceso innovador basado en elaprendizaje práctico, local  ysistematizado en torno a nuevos modelos de gestión de los recursos políticos,jurídicos, institucionales y económicos disponibles  – no sólo para erradicar cultivos ilícitos – sino para modificarlos condicionantes estructurales que han mantenido en el marginamiento a lapoblación ancestralmente desplazada a las fronteras agropecuarias del país.

 

De todos es sabido que la primera de estas condiciones no está dentrodel resorte ni del Gobierno Nacional ni de las comunidades dispuestas asuscribir los ‘pactos sociales’. También es claro que mientras el GobiernoNacional mantenga la decisión de utilizar su política para el manejo delproblema de los cultivos ilícitos como un instrumento táctico en suconfrontación militar contra los grupos alzados en armas, tanto la vida como elpatrimonio de las personas que suscriban los pactos sociales quedan gravementeamenazados de ser blanco de hostilidades por parte de los grupos alzados en armas que operan enzonas contiguas a las áreas cobijadas por los pactos sociales.

 

Por lo tanto, en reconocimiento franco y abierto de estas circunstanciasparticulares, los pactos sociales suscritos deben incorporar por lo menos lassiguientes garantías para las comunidades que manifiesten su voluntad paradejar de manera definitiva de depender económicamente de los cultivos ilícitos: 

1.Descriminalización de los productores que suscriban los ‘pactos sociales’.

 

En las zonas donde están localizadas las comunidades dispuestas asuscribir ‘pactos sociales’ con el Gobierno Nacional, es improbable que puedanestablecerse dispositivos de seguridad que garanticen la integridad física delas personas y su patrimonio, salvo su traslado físico a instalacionesprotegidas con medidas de seguridad militar. Ante la eventualidad de amenazasgraves de hostilidades por parte de los grupos alzados en armas, la poblaciónsuscriptora de los ‘pactos sociales’ debe contar con la garantía de serevacuada de la zona y tener acceso a los servicios y la atención establecidapor la ley 387 de 1997 para victimas de desplazamiento forzoso.  Sin embargo, esa misma ley excluye de ladefinición de desplazado a quienes sean forzados a esta condición comoconsecuencia de su vinculación a actividades delictivas.

 

En vista que la suscripción de los pactos por las familias que secomprometen a erradicar constituye un reconocimiento expreso de su condición dedelincuente tal como lo califica la ley penal, los  pactos sociales deben estar respaldados por una norma legalque descriminalice a los cultivadores de ilícitos que se acojan a ellos.Este será un gesto persuasivo de la voluntad del Gobierno Nacional deestablecer relaciones de confianza con quienes suscriben los ‘pactos sociales’.

 

2.Establecimiento de criterios e indicadores efectivos para verificar laconversión productiva de las áreas de cultivos ilícitos

 

Las reacciones de grupos alzados en armas observadas en el Putumayodesde cuando se anunció el inicio de operaciones del Plan Colombia han sido elescalonamiento en la intensidad del conflicto armado y la paralización de laactividad comercial en el Departamento, particularmente en zonas de donde haypresencia de cultivos ilícitos. No hay ninguna fuerza persuasiva tras laspromesas de inversión del Gobierno en el cortísimo plazo ni su exigencia de quelos suscriptores de los pactos abandonen su principal base ingresos monetariosen el mismo plazo, cuando se prevé que el fuego y las hostilidades seintensificarán en áreas físicamente contiguas a las zonas cobijadas por lospactos sociales. Por lo tanto los ‘pactos sociales’ deben crear y asignarrecursos para la operación en el ámbito local y regional de mecanismos demonitoreo y seguimiento de las condiciones del conflicto y su impacto sobre laactividad económica y el funcionamiento de los distintos mercados, para conbase en su evolución armonizar las condiciones de los compromisos pactados  por cada una de las partes.    

 

No hay tampoco mucha fuerza persuasiva tras el modo con que el GobiernoNacional asignó un monto de inversión pública para la conversión de la base decultivos ilícitos de la economía del Putumayo, sin disponer de un análisisgeneral de preinversión que sustente el monto mínimo crítico requerido paraeste propósito y una propuesta para su asignación  prioritaria. Ese modo de proceder no rectifica de manera algunael modelo que en el pasado ha gobernado la inversión pública en elDepartamento, y que el mismo Gobierno Nacional criticó recientemente ante elCongreso de la República. Un insumo insustituible para garantizar la calidad yrentabilidad de la inversión pública que se pretende realizar en el Putumayo esel establecimiento y consolidación de un modelo de gestión institucional ysocial para la conversión productiva del Departamento, con base en el cualse organice y sistematice de manera eficiente tanto la información como losprocesos e instancias de concertación y toma de decisiones con participacióncomunitaria en torno a la planificación estratégica y el manejo táctico de lainversión requerida para ello. Los ‘pactos sociales’ deben incluir recursospara la implantación y operación de un modelo de gestión de esta naturaleza,cuyo diseño conceptual ya se ha adelantado dentro de la ejecución del proyecto Organización de una iniciativa de desarrolloproductivo para el Putumayo con base en la erradicación manual voluntaria y lasustitución gradual de cultivos ilícitos, al cual pertenece elpresente documento. La decisión del Gobierno Nacional de acoger e implantar unmodelo de gestión institucional y social innovador que rompa con los esquemas anteriores, sería otro gestopersuasivo de la intención del Gobierno Nacional de consolidar relaciones deconfianza con las comunidades que suscriban ‘pactos sociales’.    

 

La incorporación de las condiciones anteriores a los términos de los‘pactos sociales’ conducen de manera inevitable a contemplar una condición adicionalen relación con el horizonte de tiempo fijado para la erradicación de loscultivos ilícitos por parte de las familias que suscriban los pactos. Si sereconoce con franqueza que en el escenario de intensificación del conflictoarmado que vive el Putumayo los riesgos relacionados con nuevas inversiones decualquier naturaleza son inmanejables, y que a su vez, se requiere de por lomenos un año para el proceso de aprestamiento, establecimiento y consolidaciónde un modelo innovador de gestión institucional y social para la conversiónproductiva del Departamento – el cual pasa por la reorganización del proceso deplanificación y ordenamiento territorial y ambiental en curso –, entoncesobligatoriamente es preciso flexibilizar los plazos acordados para laeliminación total y definitiva de los cultivos ilícitos de las familias quehan suscrito los pactos, y que representan la base de sus ingresos monetarios.

 

Los compromisos adquiridos con las metas fijadas para la reducción deáreas de cultivo al 50% de su extensión actual establecen un horizonte de 5años para lograrlo, por lo cual estos compromisos no son un motivo que impidanampliar los términos de los pactos sociales hasta ese plazo si así lo requierenlas circunstancias. La complementación de los ‘pactos sociales’ con losmecanismos de monitoreo y seguimiento y un modelo de gestión innovador como losaquí propuestos, de por sí generarán información específica y detallada quepermitirá al Gobierno Nacional mantener control de cerca de los avances y retrocesosdel proceso, lo cual a su vez reducirá la incertidumbre que en un principiopudo aconsejarle imponer el plazo de un año. Disponiendo el escenario paraque el proceso  opere en condiciones deplena información y transparencia en las decisiones, no  hay por qué dudar que la incertidumbre sereducirá en la misma proporción en que se estrechen las relaciones de confianzaentre Gobierno y comunidades suscriptoras de los pactos sociales.    

 

3.Diseño y ejecución de una estrategia de comunicación positiva en torno a losobjetivos de los ‘pactos sociales’   

 

 Los ‘pactos sociales’representan una oportunidad importante para que tanto el Gobierno comocomunidades se demuestren que hay modos pacíficos y efectivos de consolidarrelaciones de confianza entre ambos, y avanzar en la resolución organizada deproblemas difíciles y recalcitrantes como lo es el de los cultivos ilícitos,aún en condiciones adversas del Putumayo de hoy. El compromiso de las partescon un clima de apertura y disposición franca para lograr este cometido,modificando los condicionantes que sean necesarios y reconociendo los errores ylimitaciones que haya que corregir, es la principal garantía de que el procesode los ‘pactos sociales’ logren llegar a este resultado.

 

Un proceso complejo y difícil como este requiere del estimulo y laretroalimentación continuos, a fin de generar un ambiente positivo y favorable para afianzar el sentido de pertenencia e identidad de todas las partes conlos propósitos y resultados que se buscan alcanzar con su esfuerzo ycompromiso. El refuerzo de estas actitudes entre quienes se involucren en elproceso requiere por lo tanto que los ‘pactos sociales’ creen y aportenrecursos para operar mecanismos de divulgación e información acerca de lospropósitos que animan a quienes participan en él, así como de los avances yretrocesos que registre, y las lecciones y aprendizajes prácticos que sederiven de su ejecución que son aplicables para su mejoramiento continuado.

   

Además con la incorporación  deun mecanismo de esta naturaleza en su estructura operativa, los ‘pactossociales’ disponen de un instrumento invaluable para fomentar condiciones demayor estabilidad y seguridad para el proceso, y prevenir y neutralizar el armade la propaganda y la desinformación manejada con propósitos militares por losactores armados a fin de atemorizar, confundir e inmovilizar a la poblacióncivil. La medida del éxito de los resultados de los ‘pactos sociales’ comoexperiencias innovadoras de integración institucional y social de resolucióndel complejo problema de los cultivos ilícitos, puede eventualmente abrir elcamino para que los actores en armas lleguen a un cese de fuego y dehostilidades con el ánimo de dar la oportunidad para que se consolidenmecanismos como este para avanzar en la negociación de una solución pacificadel conflicto colombiano.

 

 

 

Mocoa, Diciembre de 2000    

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[1] Documento Pacto social por el desarrollo alternativo –Corregimiento de Santana, Puerto Asís, Putumayo Diciembre 2 de 2000 pg. 4/13.

[2] Documento Pacto social por el desarrollo alternativo –Corregimiento de Santana, Puerto Asís, Putumayo Diciembre 2 de 2000 pg. 4/13.

[3] Ibíd. pg. 11/13

[4] Ibíd. pg. 6/13