Las Drogas como Problema de Salud: El Tratamiento, La Prevención, La Desviación de los Consumidores de Drogas en el Tratamiento - La Función de hacer Cumplir la Ley.

 

Baldomero Cáceres Santa María

baldo.caceres[AT]stanfordalumni.org

  1. El considerado, pero mal definido, “problema de las drogas”, la “drogadiccion” planteada como si fuese un auténtico problema de salud que debe prevenirse, reprimirse y tratarse, con el apoyo de las fuerzas policiales, ha venido siendo la razón del ordenamiento legal internacional que condiciona nuestra propia política.

  2. El caso ejemplar de nuestra reivindicada hoja de coca demuestra, sin embargo, que su situación internacional deriva de un proceso llevado hace cincuenta años (Informe de Naciones Unidas, 1950) donde dominó estrictamente la versión psiquiátrica del coqueo andino, hoy superada. En los últimos 33 años, en efecto, se ha producido una transformación radical que reconoce hoy a la hoja de coca como alimento y medicina. Nuestra ley, pese a ello, sigue sin cambio.

  3. El análisis crítico de la versión psiquiátrica del coqueo andino lleva necesariamente a cuestionar la misma teoría de la “adicción” vista como “psicopatológica” por la Psiquiatría y, en su seguimiento, por la misma Medicina, confiada en su autoritativa sentencia.

  4. Razones de orden público, económicas, políticas y sociales están cuestionando en los últimos tiempos el ordenamiento legal vigente, sin encontrar reales soluciones prácticas. No se lograrán a menos que se cuestiones el marco de referencia de la legislación que es la doctrina psiquiátrica cuyo respeto cuida la O.M.S.

 

 Ponencia

 

Introducción.

 

Desde la sociedad civil las fuerzas del orden son vistas, en cuanto a “las drogas” se refiere , antes que a su servicio, al servicio del Estado. La ley y el orden les convierten en inquisidores, antes que en guardianes del orden público.

Como psicólogo social he venido sosteniendo, tomando como ejemplo paradigmático el coqueo andino y la coca, que las Convenciones internacionales, desde La Haya (1912) a la Convención Única de Estupefacientes(1961) se han dado dentro del marco de referencia de la doctrina `psiquiátrica de las “toxicomanías” o “adicciones”. Hoy más que nunca, en bien del orden público, se deben cuestionar los supuestos en los cuales se apoya “la guerra a las drogas”. Espero que así se entienda

Prohibición frente a Legalización: falso dilema.

La escalada de violencia en México ha provocado recientemente una reacción civil que actualiza el debate entre prohibicionistas y legalizadores de las drogas, secundados éstos por el movimiento europeo de “la reducción del daño “asociado a las drogas”,.

Por otro lado, en el estado de California, está por someterse a votación la legalización de la marihuana, la cual le plantearía a la Casa Blanca un serio problema, puesto que, como Estado, el gran vecino del norte está condicionado por los mismos Convenios Internacionales que gestionó y que mantienen el control internacional de nuestra hoja de coca y de la marihuana por igual..

Los términos del debate.

Si piden en Google “legalización de las drogas” podrán observar la amplitud y los términos del debate. Aún los reformistas, como los ex.Presidentes , Gaviria, Zedillo y Cardoso, en la declaración de la Comisión Latino Americana , suscrita por Mario Vargas Llosa y Diego García Sayán, prácticamente plantean que se nos vea, a los usuarios de lo prohibido, como pacientes y no como delincuentes, confiándonos en manos de psiquiatras. Pros y contras tal legalización se esgrimen como verdades ciertas, sin cuestionar el marco de referencia común aceptado que es el mal definido problema de salud que sería el consumo de lo prohibido, sin distinción alguna, sea inyectarse heroína o fumar un simple porro, como se le conoce en España al cigarrillo de cáñamo.

El marco de referencia cuestionado.

Un problema insoluble – se ha observado ya-es muchas veces un problema mal planteado. Más allá de la legalización o despenalización; fuera de los argumentos económicos, políticos y sociales con los cuales debaten abogados, sociólogos, políticos e intelectuales en general, he venido insistiendo en la revisión de los conceptos psiquiátricos aplicados indistintamente a hábitos tradicionales en grandes culturas..

El caso del coqueo andino

El caso particular del cual me hice responsable fue el de la coca. Tratando de evitar el daño que la percepción de la hoja de coca como “droga” y del coqueo andino como “toxicomanía” podía tener- dado que por presión norteamericana se preparaba entonces la Ley de drogas aún vigente (D.L 22095,1978)- publiqué en 1977 en el diario La Prensa, un extendido artículo que llevó como título La Coca, el Mundo Andino y los Extirpadores de Idolatrías del siglo XX, objetando “con ácidos pero bien razonados argumentos” en palabras del Doctor Fernando Cabieses, la leyenda negra de la coca sembrada por psiquiatras peruanos.

Desvirtuar la versión psiquiátrica de la coca dio pie a su defensa académica, puesta de manifiesto con la publicación en 1978 de un número monográfico de América Indígena dedicado a la coca por el Instituto Indigenista Interamericano con sede en México

Despejado el estigma del “cocainismo indígena” asumí la difusión de información olvidada que rescataba el prestigio de la coca, a partir de la célebre Disertación a sobre el aspecto, cultivo, comercio y virtudes de la famosa planta del Perú nombrada Coca del doctor Hipólito Unanue publicada en El Mercurio Peruano en 1794. Largo elogio del “architónico del reino vegetal” que el padre de la psiquiatría peruana, doctor Hermilio Valdizán, redujo a lo que habría sido “un trabajo agronómico” con el título El Cultivo de la Coca (sic). Fue en el primer manifiesto psiquiátrico contra la coca publicado en Lima que llevó como título “El cocainismo y la raza indígena”, escrito por Valdizán en Roma y publicado en La Crónica Médica (15-8- 1913). Creada la enfermedad en el imaginario social, todo fue cuestión de predicarla desde la cátedra de Psiquiatría en la Facultad de San Fernando de San Marcos, informándoles a los estudiantes del trastorno. mental que sería “el cocainismo” andino. De ahí la obra y gestión del Dr.Luis N.Sáenz con su obra La Coca, la gran toxicomanía peruana, logrando que se prohibiera el coqueo en las fuerzas policiales.

La comunicación final de la investigación documental fue el artículo Historia prejuicios y versión psiquiátrica del coqueo andino, aparecido en Perú Indígena 28 de 1990.

Recién en 1991 la Empresa Nacional de la S.A) se animó a asumir la revalorización de nuestro gran producto, tarea en la que colaboré hasta 1995, logrando la comprensión del Ministerio de Relaciones Exteriores que se plasmó en la Declaración de Ilo de 1994, suscrita por los presidentes de Bolivia y del Perú, planteando el objetivo de retirar de la Lista 1 de substancias fiscalizadas por los convenios internacionales en la cual figura igualmente la marihuana. Me imagino que presiones diplomáticas llevaron al abandono del objetivo propuesto, olvidado desde entonces por nuestra Cancillería y descuidado por el propio Gobierno de Evo Morales en Bolivia.

El caso de la marihuana y la amapola.

Fumar hachís o marihuana es un hábito tradicional en diversos pueblos de la tierra, como lo es el aprovechamiento medicinal del opio. A diferencia de la coca no han tenido, sin embargo, la debida defensa. Si bien la morfina y la heroína, derivadas del opio, tienen reconocimiento médico, no se le reconoce como cultivo legal en nuestro país, pese a la necesidad de contar con reservas para emergencias, dependiendo, para atenderlas, de las importaciones.

Es verdad que en los propios Estados Unidos se estaría siendo reconociendo también el uso medicinal a la marihuana, ninguno de los movimientos que auspician su legalización, hasta donde tengo conocimientos, denuncia el prejuicio psiquiátrico que, como en el caso del coqueo andino, juzga que su aprovechamiento sería ”drogadicción”, “adicción” o “dependencia”.

Fundamento de un reordenamiento internacional.

¿Y entonces? Distinguir las plantas de las sustancias extraídas de ellas, sería el primer paso para reordenar el mercado de las sustancias psicoactivas naturales (amapola, cáñamo, coca, San Pedro, ayahuasa) que, superando la censura psiquiátrica, debiera ser libre, dejando sus componentes (caso de la morfina y la cocaína)en manos de la industria farmacéutica formal que recuperaría el amplio uso que tuvieron antes que la Psiquiatría impusiera su prestigio y su condena.

. La cocaína, el gran estimulante elogiado por Freud y denigrado por la Psiquiatría como “flagelo”, recobraría en el siglo XXI el lugar preferente como estimulante que tuvo en la farmacéutica durante el fin del siglo XIX, tanto en los Estados Unidos como en Europa.

Dedicar los esfuerzos policiales a perseguir la desobediencia civil frente a las leyes de drogas equivale- por lo dicho- a actuar como inquisidores sobre el terreno que actúan en nombre de la prestigiada Psiquiatría y sus enfermedades “mentales”. entre las cuales- según ella- el coqueo andino.

 

Baldomero Cáceres Santa María

Lic. en Psicología (Universidad N. Mayor de San Marcos)

M.A.  (Leland Stanford Jr. University.)

Referencias:

http://www.lamolina.edu.pe/cocachasqui